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Cómo aceptar tu cuerpo…que gran pregunta ¿verdad? Hoy he querido escribir una carta a mi cuerpo, agradeciendo todo lo que ha hecho por mí (y lo que hace) y pidiéndole perdón por todo el daño que le he hecho. Espero que te sirva si estás pasando por algún problema relacionado con tu imagen física. A mí me llevó muchos años aceptar mi cuerpo, puede que a ti no te lleve tantos, o sí, quien sabe. Es importante que te des cuenta de que haces las cosas lo mejor que puedes, que si todavía no te aceptas, es porque no sabes cómo hacerlo pero que, al final del túnel, siempre esta la salida.

Durante la mayor parte de mi vida te odié, te rechacé, te dañé. Intenté cambiarte, hice lo posible porque fueras diferente, más delgado, más perfecto, más alejado de todo aquello que eras.

Durante años te castigué duramente con dietas, pastillas, purgas, golpes, puñetazos, palabras de desprecio y miradas de asco. Durante la mayor parte de mi vida te odié, te privé de alimento, de amor, de agradecimiento.

Te rechacé porque veía en ti una obra de arte mal hecha. Y tú, fiel y lleno de amor, soportaste años y años de mensajes negativos y dañinos sin hacer más que darlo todo por mí…

Diariamente escuchabas frases tipo ¿Por qué tengo tan poco pecho? ¿Por qué mis piernas son tan gordas? ¿Por qué tengo celulitis, estrías y venitas? Das asco, me repugnas, doy asco ¡¡Te odio, te odio, te odio!! Me odio…💔😭

Y un día, después de muchos días, me di cuenta de todo lo que has hecho y haces por mi. Yo te maltrataba, tú hacías todo lo posible por mantenerme viva, porque no me desmayara los días en que apenas te daba de comer. Yo te maltrataba, tú me permitías bailar, que me encanta, pasear, correr, sentir, tocar…vivir.

Por eso he enterrado el arma de guerra y hoy solo tengo palabras de agradecimiento hacia ti. Mis piernas, benditas piernas que me permiten subir hasta lo alto de una montaña a explorar y descubrir nuevos paisajes.

Mi pecho, bendito pecho que haces que yo sea yo. Mis brazos, mi cara, mi pelo, mis pies, mi cuerpo, mi vehículo, mi mejor amigo, mi salvador, mi protector.

Esta carta es para ti, para pedirte perdón y para agradecerte eternamente todo lo que has hecho y haces por mi. Ya no te odio, eso quedo atrás, estoy orgullosa de ti, y desde hoy en adelante siempre siempre siempre será así. GRACIAS 💖

Después de esta reflexión, me gustaría hacerte una serie de preguntas. Si te cuesta aceptar tu cuerpo estoy segura de que te van a ser de utilidad. Hasta el momento, ¿qué has estado diciéndote? ¿De qué maneras te has rechazado? ¿Cuál era la intención positiva de todo lo negativo que te decías? Las personas nos movemos en base a dos fuerzas: acercarnos al amor y huir del dolor. Debajo del rechazo hacia nuestro físico se encuentran sentimientos de poca valía, poco merecimiento y poco amor. No se trata únicamente de trabajar para conseguir aceptar tu cuerpo, sino que se trata de hacer todo un trabajo interior para que aprendas a quererte, aceptarte y amarte. Y eso se consigue trabajando tus creencias limitantes, tus pensamientos, tu diálogo interno.

Cada pensamiento que tienes crea tu realidad

¿Cómo? De una forma muy sencilla. Un pensamiento siempre genera una emoción, esa emoción genera sentimientos, y esos sentimientos son los que te llevan a actuar de una forma concreta. ¿Qué pasa cuando actúas de una u otra manera? Que obtienes resultados. ¿Sencillo verdad? Ahora bien…¿cómo puedes identificar esos pensamientos limitantes que no te permiten aceptar tu cuerpo o conseguir los resultados que tú quieres? Una manera de identificar nuestra forma de pensar y nuestras limitaciones inconscientes es a través de un ejercicio muy simple. Así que si quieres aprender a aceptar tu cuerpo, coge papel y boli y presta atención al ejemplo:

¿Cómo piensa una persona que consigue lo que quiere?

Pensamiento: quiero aceptar mi cuerpo, confío plenamente en mis capacidades y en que con dedicación, esfuerzo y perseverancia lo voy a conseguir.

Emoción: alegría. Esta persona se repite internamente que es capaz, confía en sí misma y sabe que puede conseguirlo. Esto hace que se sienta empoderada, confiada, segura.

Acción: aprende todo lo que puede, busca maneras de aceptar su cuerpo, es consciente de las cosas que su cuerpo le permite hacer, agradece el poder hacerlas, rebaja sus niveles de exigencia y perfeccionismo e intenta aprender de personas que ya han conseguido los resultados que ella quiere. Tiene un objetivo claro en mente y pone todo su foco en ello.

Resultado: lo más probable es que consiga aceptar su cuerpo y viendo muchos otros aspectos positivos de sí misma que antes no veía.

¿Cuestión de suerte? No, es cuestión de actitud.

¿Cómo piensa una persona que NO consigue lo que quiere?

Pensamiento: quiero aceptar mi cuerpo, pero es muy difícil. Hay gente más guapa que yo, más simpática que yo, más todo que no…jamás voy a conseguirlo.

Emoción: miedo. Se repite internamente que no puede, que es algo prácticamente imposible. Como consecuencia confiará poco en sí misma, se sentirá insegura, poco valiosa y su autoestima se verá afectada negativamente. Lo más común es que se termine comparando a la baja con todo el mundo e infravalorando sus capacidades.

Acción: no se molesta ni en aprender ni mejorar. Entonces, ¿para qué esforzarse? Seguirá haciendo todo de la misma manera, seguirá machacándose, tratándose mal y será difícil para ella retarse y ponerse objetivos que le ayuden a conseguir lo que quiere.

Resultado: seguirá exactamente donde está, no aprenderá a aceptar su cuerpo y se sentirá cada vez peor consigo misma, ya que esto no solamente afecta a la autoestima, sino que también lo hace a la confianza y seguridad personal.

Ya para terminar…¿te das cuenta de la importancia que tiene lo que te dices a ti mismo cada día? Es clave que vigiles tu diálogo interno y que aprendas a seleccionar los pensamientos que tienes, ya que la realidad que vives nace de la realidad interna que tienes, de cómo piensas y de las emociones que esos pensamientos te provocan: empoderarte y creer en ti o lo contrario. Tú eliges.

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