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¿Eres una drama queen? ¿Alguien de tu entorno lo es? Todos tenemos en mayor o menor grado este personaje dentro pero, antes de continuar, vamos a analizar lo que es un drama:

Definición de drama según la RAE: obra de teatro o de cine en que prevalecen acciones y situaciones tensas y pasiones conflictivas y/o suceso infortunado de la vida real, capaz de conmover vivamente.

Ahora bien, hay dos tipos de dramas:

  1. Aquellos que tienen un impacto emocional fuerte y que no pueden ni deben ser ignorados, como puede ser una ruptura, un duelo por un ser querido, una pérdida de trabajo, etc.
  2. Los dramas a los que, con una gran sonrisa, debemos mandar lejos lejitos lejos, y estos a su vez se clasifican en dos: los ajenos y los nuestros propios. Es muy fácil entrar en modo drama queen, al igual que caer en las redes de una drama queen en potencia (puede ser tu pareja, tu amigo, tu amiga, tu tía Mari, tu vecina Lola, cualquiera). ¿Algunos ejemplos? Los dramas mentales que nos montamos nosotros solitos cuando algo no sale como nos gustaría, los típicos comentarios crueles de tu amiga sobre tu físico, tu personalidad, tu ropa o lo que sea.

Dramas que debemos mandar lejos lejitos lejos

Es a este último tipo de dramas al que me voy a dedicar hoy, porque sí, los seres humanos tenemos el don divino de vivir en el modo drama queen (victimismo) y se nos da genial. ¡Así nos va! Muchos queremos estar felices, bien y tener resultados positivos pero, muchas veces y sin darnos apenas cuenta, nos creamos una vida de agobios y malestar por simples nimiedades, y todo porque no hemos aprendido a hacerlo mejor.

Pues bien, déjame decirte algo, algo que puede que de primeras no te guste pero que también tiene su lado positivo: la mayoría de dramas que tenemos son producto de nuestra cabecita. Una cosa es, por ejemplo, que alguien te hable mal y tú ni sepas el motivo (pueden ser miles, desde que esa persona está pasando por un mal día, que esté estresada, que te responda en función a la actitud que tú hayas tenido con ella, etc) y lo dejes estar, a que después de eso tu cabeza empiece a ir a mil revoluciones creando el drama: “pues vaya estúpida esta persona, pero quien se ha creído que es para hablarme a mí así, siempre me pasan estas cosas, la gente está muy mal” y un largo etc, y ahí automáticamente ya has entrado en el modo drama queen de “pobrecito de mí que mala suerte tengo”.

¿Ves por dónde voy?

Al final del día, la mayoría de problemas que tenemos son creaciones de nuestro ego. Es el ego quien busca atención constante, personas a las que culpar, con las que discutir e historias que crear.

¿El lado positivo que te decía antes? Que al igual que tu cabeza crea la mayoría de problemas, tú puedes darle una vuelta a la situación y elegir qué creer y que no. La mayoría de películas que se proyectan en nuestra mente no son reales, son interpretaciones nuestras. ¿Qué hace una drama queen? Exagerarlo todo, exactamente igual que nuestra mente. Podemos elegir proyectar algo que nos haga sentir mal, como solemos hacer tan a menudo, ya que tenemos el hábito de vivir en el modo queja constante o bien elegir lo contrario.

Vivir en el modo drama queen agota

Pensar mal desgasta, criticar, juzgar y estar pendiente de lo negativo es un desgaste energético, físico y mental enorme. Y no solo para el que está en modo drama queen, sino también para quienes tienen que soportar al típico amigo de turno que parece vivir en ese estado constantemente. En serio, ¿cuántas veces no te han dado ganas de mandar bien lejos a esa persona que de nada hace un todo? Es agotadooooor. Al igual que lo es cuando tu mente empieza a crear historias, tragedias y problemas donde no los hay. ¡Desgastante!

Una manera de cambiar este hábito es a través del agradecimiento. ¿Cómo? Muy simple. Cada vez que te des cuenta de que estás teniendo un pensamiento de queja, crítica o víctima, para. Reconoce ese pensamiento, disóciate de él y agradece algo por lo que estés contento en ese preciso momento. Un ejemplo, imagina que has tenido una discusión con tu pareja. Cuando te identifiques en el modo queja o negativo, para y da las gracias: estoy agradecido de que esto me está brindando la oportunidad de aprender algo nuevo sobre mí. Estoy agradecido porque cada vez gestiono las discusiones desde un lugar más maduro y empático. ¿Entiendes?

¿Pero qué pasa cuando el drama queen es el otro?

La opción más sabía es la de la puerta. ¿En qué consiste? En coger la puerta e irte, y no entrar en el asunto. También está la opción del cuelga-el-teléfono. Si la otra persona te está poniendo la cabeza como un bombo, no tienes por qué soportar eso. Una cosa es querer ayudar a otros, escucharlos y otra muy distinta que la persona drama queen de turno te esté cargando constantemente con sus problemas. Primero porque no es sano para ti y segundo porque no le haces ningún favor al otro escuchándole. Los dramas para las películas, please.

Así que recuerda, el agradecimiento y el saber cuándo decir basta son dos de los antídotos anti drama queen. La vida es demasiado corta como para vivir amargándote. Ya hay momentos duros, esos vienen solos, entonces, ¿para qué crear más de la nada? Es una pérdida de tiempo y un desaprovechamiento de la oportunidad que tenemos de vivir.

Aferrarse a la ira es como agarrar un carbón caliente con la intención de arrojárselo a alguien. El que se quema eres tú – Buda

Al final del día se trata de hacer aquello que te de paz mental.

Sabes perfectamente que cuando estás en modo drama te sientes mal. No se puede vivir en este estado y sentirse bien. Sin embargo, cuando estás tranquilo y en paz, ¿cómo te encuentras? Son cosas básicas, de primero de sentido común. Recuerda, busca tu tranquilidad emocional, identifica esos pensamientos que te hacen daño y aprende a dar las gracias. Si no eres feliz con lo que tienes hoy…no serás feliz con lo que tengas mañana.

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