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Si esperas demasiado de los demás y te llevas desilusiones, este artículo es para ti. ¿Cuántas veces te has sentido decepcionado porque otra persona no ha actuado de la manera en que a ti te hubiera gustado? Prácticamente todos tenemos un ideal sobre cómo deberían de ser las cosas. Creamos una serie de expectativas en nuestra mente que, si no se cumplen, nos llevan por el camino de la frustración. Y ya ni hablar si estas expectativas las hemos proyectado sobre otros.

Muchas veces esperamos esa llamada de teléfono que nunca llega, ese mensaje que tanto anhelamos, una conversación, un gesto, una palabra. Esperamos y esperamos y no llegan. O si lo hacen, no es de la manera en que nos gustaría. ¿Te suena esto? Es aquí donde entran en juego las expectativas.

Las expectativas

Siempre que esperas algo de los demás, has de saber que estás generando una serie de expectativas. Tenemos la costumbre de decidir cómo serán las cosas. Es algo muy común. Lo hacemos todos, y no es más que una mera ilusión de nuestro ego. El ego lo quiere todo ya, y quiere que sea de una manera determinada. Por norma general, si no sabemos relacionarnos con él de una forma sana y utilizarle a nuestro favor, suele ser inflexible, dictatorial e intransigente. Quiere que las cosas sean de una forma concreta y, cuando no es así…ya entran en acción todos sus mecanismos de defensa: la queja, el victimismo, la frustración, el enfado, etc.

Cuando esperas demasiado de los demás y éstos no hacen aquello que te gustaría, ¿cómo te sientes? Solemos hacer las cosas dando por hecho que el resultado ha de ser de una determinada manera. Cuando esto no sucede, solemos agobiarnos, frustrarnos, enfadarnos y pensar que la vida nos trata mal. Nada más lejos de la realidad. No se trata del resultado, sino de cómo gestionamos lo que nos pasa, sea lo que sea, independientemente de lo que hayamos pensado.

Las expectativas nos impulsan a la acción

Las expectativas como tal son positivas, ya que nos impulsan a la acción. Si quieres conseguir un resultado concreto, necesitas de la expectativa para ir a por ello. Ahora bien, cuando solo ves un único resultado posible y no te abres al abanico de posibilidades que cada acción pueda traer, es cuando se genera el problema. Muchas veces no obtenemos lo que queremos, sino lo que necesitamos. Es importante aprender a gestionar estos momentos para no caer en sentimientos de impotencia o desesperanza.

Cómo gestionar las expectativas

  • Suelta el control y acepta que la vida es como es: muchas veces nos gustaría conseguir algo, o que los demás actuaran de una manera y no de otra. Pero hay ciertas cosas que no podemos controlar. Las reacciones de los demás o las circunstancias externas no dependen de nosotros. Cuanto antes seas consciente de esto, antes empezarás a aceptar los posibles resultados que ocurran en tu vida.
  • Aprende a hacerte cargo de ti: muchas veces esperas demasiado de los demás porque, la mayor parte de las veces, y de forma inconsciente, esperas que otros se hagan cargo de ti. Todos tenemos necesidades. Cuando no sabemos cómo darnos a nosotros lo que necesitamos, lo exigimos fuera. Es importante que te hagas responsable de ti mismo. Los demás no pueden cubrir tus vacíos emocionales. Tú sí.
  • Espera menos y comienza a disfrutar más: cuando te abres a recibir lo que la vida tiene para ti, sucede la magia. Cuando nos centramos en un único resultado, nos perdemos la posibilidad de disfrutar de todo aquello que pueda suceder. Date el permiso de abrirte a lo que venga, sin esperar más.
  • Vive en el aquí y ahora: vivimos proyectándonos constantemente al futuro. Cuando te centras en el momento presente, bajas tu nivel de exigencia y aprendes a darle más importancia a lo que sucede en cada momento. Cuando vives proyectado hacia el futuro, vives en escenarios irreales que solo existen en tu mente.
  • Espera menos de lo que podrías esperar: de esta manera, si el resultado final no se parece a lo que tú habías pensado inicialmente, la frustración será menor.
  • Sé curioso: si esperas demasiado de los demás o de la vida en general, te estás limitando. Cuando te abres a las posibilidades de lo infinito y tomas una actitud de curiosidad, cualquier cosa puede pasar. Permítete disfrutar de lo que venga, aprende de ello y disfruta del aprendizaje que te traiga.

Las expectativas distorsionan la realidad

Cuando esperamos un resultado concreto, distorsionamos la realidad. Está bien tener expectativas y tener unos objetivos concretos, pero es importante estar abiertos a la posibilidad de que las cosas pueden no salir de la manera en que nos gustaría. Aprender a ser flexibles, menos autoexigentes y vivir en el momento presente puede ayudarnos a gestionar mejor nuestras emociones, nuestra salud mental y, como consecuencia, nuestra actitud hacia aquello que nos suceda.