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Este artículo va dedicado a todas las personas que, como yo, han pasado más de la mitad de su vida mendigando, casi de forma inconsciente, amor. Principalmente a aquellas que hacen de las necesidades de los demás, las suyas propias.

¿Qué características tienen, por lo general, este grupo de personas?

  • Se vuelcan profundamente con los demás, con sus necesidades, sueños y problemas.
  • Suelen perderse en el otro. Se meten tanto en el papel de ayudador, consejero, terapeuta, que terminan olvidándose de sus propias necesidades.
  • Hacen más por los demás que por ellos mismos.
  • Les cuesta expresar sus propias emociones, necesidades y sentimientos. Es como si tuvieran muchísima facilidad para entender y comprender los problemas y carencias del otro, pero mucha dificultad en reconocer las suyas propias.
  • Casi siempre están dispuestos a ayudar. Como dice Borja Vilaseca, parecen una ONG ambulante.

¿Qué se esconde realmente detrás de esta necesidad de querer ayudar al otro a toda costa?

Una profunda falta de amor hacia uno mismo. Es mucho más fácil «hacerse cargo» de los problemas de terceros, que tener que conectar con el verdadero origen de esta necesidad: el deseo de sentirse queridos. De pequeños recibieron el mensaje de «no eres deseado». Al recibir este mensaje, construyeron un papel o rol social, el de ser excesivamente amables, serviciales, generosos. Aprendieron erróneamente que, para ser queridos, tenían que actuar complaciendo a los demás. Es posible que durante su infancia se les valorara más por lo que hacían que por lo que realmente eran.

Han aprendido que su valía viene determinada por los demás, por lo que viene de fuera, no de dentro. Si cae bien, si otros le necesitan, se siente bien. Si esto no sucede, vive con un profundo miedo a quedarse solo, a que no le quieran. En definitiva, a conectar con esa herida de falta de amor que lleva dentro.

Quizá sea el momento de que comiences a mirar dentro

Si sientes que das en exceso, que estás ahí siempre para el otro, si buscas recibir amor de vuelta por lo que tú haces, si das tu cuerpo a cambio de un poco de cariño, si le restas importancia a tus propias necesidades y antepones las de otros, en definitiva, si sientes que eres la Teresa de Calcuta de todo el mundo, quizá haya llegado el momento de que dejes de mirar tanto por el otro y te priorices de una vez.

Si siempre atraes a gente con problemas, y no me refiero a problemas cotidianos como los que podemos tener todos, sino a personas con adicciones, extremadamente dependientes, que no te valoran como te mereces, es hora de que empieces a buscar la causa de tu «mala suerte» dentro de ti.

Durante años he atraído relaciones con hombres hiper dependientes, obsesivos, tóxicos. Hombres que no aceptaban un no por respuesta, con problemas serios y que utilizaban la manipulación y el maltrato psicológico como armas de control. Nunca entendí el por qué hasta que empecé mi propio viaje de autoconocimiento. Yo también era tóxica. Tenía tal cacao mental y una falta de autoestima tan grande, que no podía atraer otro tipo de personas. De vez en cuando aparecía algún hombre sano, pero mi falta de amor propio me impedía mantenerlos en mi vida. Yo no era digna de amor, ¿cómo iba a permitir que me quisieran?

Esto no empezó a cambiar hasta que me planteé y cuestioné las cosas. Pero…¿qué necesidad tengo yo de aguantar las mier**s de los demás? ¿Desde dónde lo hago? ¿Qué espero a cambio? Y la pregunta que te invito que te hagas, la cual a mí me ayudó enormemente. ¿Para qué lo hago?

Consejos para salir de este patrón de comportamiento

  • Deja de ayudar a las almas perdidas una temporada. Un mes, dos meses, 21 días. El tiempo que sea, pero hazlo. Toda la ayuda que le das a los demás, comienza por dártela a ti.
  • Pasa tiempo a solas. Conecta con el miedo que produce sentir la soledad. No necesitas a nadie, te necesitas a ti. Te aterra tanto quedarte a solas que prefieres mendigar amor, y te conformas con cualquier sobra.
  • Conecta con ese vacío, con tus carencias emocionales. Y comienza a darte aquello que tan fácilmente le regalas a los demás.
  • Aprende a pedir ayuda cuando lo necesites. Es importante que empieces a validar tus propias necesidades.

Has de convertirte en tu mejor amigo, en la mejor compañía que puedas tener. Elígete a ti, no eres mala persona, ni egoísta. Nadie es imprescindible en la vida de nadie. Tú tampoco. Cuanto antes lo aceptes, antes aprenderás a priorizar a la persona más importante: TÚ. Solo así comenzarás a sentirte bien en tu propia piel, a estar a gusto contigo mismo y a atraer las relaciones adecuadas.