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La gran pregunta del siglo…“y yo, ¿qué quiero hacer con mi vida? No tengo ni idea, no sé lo qué quiero, no sé cuál es mi pasión, ni siquiera sé si tengo una, no sé de qué trabajar, dónde vivir, a dónde ir, qué pensar, qué hacer, no sé quién soy, de dónde vengo, a dónde voy…”

Parece el estribillo de una canción. Pero no, no lo es, es una pregunta que cada vez escucho en más lugares. Y yo no me libro de ella, soy la primera que no he tenido ni idea de qué hacer con mi vida en numerosas ocasiones. Somos muchos los que hemos pasado por esto. Por ello, hoy quiero compartir contigo mis conclusiones basadas en mi propia experiencia personal. Lo primero que te pido, es que no tomes lo que vas a leer como una verdad absoluta. Es lo que, a día de hoy, siento yo, lo cual puede ser completamente diferente para ti o para otra persona. Pero sí que espero que te sirva un poco de orientación.

Todo son aprendizajes vitales de crecimiento

Siempre he sido una persona curiosa por naturaleza. Todo me llama la atención, todo me parece bueno-bonito-fantástico-maravilloso-interesante. He dejado varios trabajos en oficina por cumplir sueños que tenía. Lo dejé todo por irme a Tailandia para darme cuenta de que, una vez allí, no era el sitio en el que quería vivir. De un mes a otro decidirme irme sola a Nepal, a la aventura. Otras veces he iniciado proyectos que luego he dejado de lado, para volver a ellos unos años después. He dejado mi vida en Madrid para irme a Londres. He dejado mi vida en Londres para irme a Madrid. Probé suerte en Brighton, y no me fue bien. Primero porque no me gustó para vivir allí (si para ir un par de días) y segundo porque la imagen idílica que me creé en mi cabeza no tenía nada que ver con la realidad de estar allí viviendo. He perdido dinero por confiar en personas que apenas conocía demasiado rápido.

¿Tengo alguna tara? ¡Claro que no!

Cambio de opinión con bastante frecuencia. Un día quiero una cosa y al otro me doy cuenta de que no. Soy impulsiva. En vez de pensar en las cosas a largo plazo, me dejo guiar por la emoción del momento (no siempre, todo hay que decirlo). Muchas veces solo he visto los pros de una situación y, como consecuencia, he salido perdiendo. Me han tachado de cambiante, inconstante, inestable, rara y tropecientas cosas más. Al final he terminado escuchando a tantas personas, sus consejos y opiniones que he llegado a pensar que yo estaba mal. Mal hecha, mal de la cabeza, mal de todo. Como una camiseta rota, con una tara. Mil veces me he preguntado qué hacer con mi vida. «¿Por qué no puedo ser “normal” como la mayoría? ¿Quedarme en una empresa trabajando de lo mío, el marketing, tener una relación duradera, comprarme una casa, tener hijos y olvidarme del resto?» ¿La respuesta? Muy simple: porque no soy así. Ni quiero.

A la gente le gusta opinar

No sé si este tipo de cosas le pasan a los demás o no. Imagino que sí, y que a más gente de la que creo. Pero, ¿sabes qué? Que me da igual. He pasado tanto tiempo escuchando a los demás, escuchando sus: “deberías ser más constante, tendrías que centrarte en algo, deberías ser esto, lo otro, etc” que simplemente me perdí a mí misma. Durante mucho tiempo no sabía qué hacer con mi vida, y aún a día de hoy a veces me doy cuenta de que repito el patrón. Cada vez que me siento perdida, me digo a mi misma…Eli, ¿por qué no paras, desconectas y vuelves a escucharte a ti? Y sigo adelante.

Lo que quiero transmitirte con esto es que tu vida es tuya, tu camino es tuyo, tus vivencias son tuyas. Al igual que tus tropiezos, meteduras de pata, éxitos y fracasos. Todo ello se traduce en aprendizajes, TUS aprendizajes, vitales para poder seguir creciendo a lo largo de tu vida. Por mucho que yo, tu madre, tu padre o tu perro te digamos por dónde tienes que tirar, es un camino que has de recorrer tú. En mi caso, soy consciente de que si siguiera los pasos de todas las personas que me han dicho esto o lo otro, puede que llegara más lejos, más alto, más rápido, o lo que fuera. Pero mi camino lo recorro yo. Si llego más tarde por mi impulsividad, o lo que sea, serán lecciones que aprenderé por y para mí. Está genial pedir consejo (sobre todo ayuda), pero más importante es pararte unos minutos cada día contigo mismo y escucharte. ¿Tú qué quieres?

Todo tiene su lado positivo

Mi impaciencia, inconstancia e impulsividad también tienen su lado bueno: he tomado decisiones de las cuales he aprendido muchísimo, he vivido aventuras divertidísimas, he conocido gente maravillosa, me he atrevido a hacer cosas que, de haberlas pensado, no las hubiera hecho jamás, como el viaje sola a Nepal (que por cierto, de los mejores viajes de mi vida). Al otro lado de lo que parece ser negativo, se encuentran nuestras fortalezas.

  • Impaciencia: necesidad de cambio y pasar a la acción rápidamente.
  • Inconstancia: valor de darme cuenta de cuándo algo no me gustaba y cambiar el rumbo.
  • Impulsividad: coraje y valentía para tomar decisiones rápidas.

Según cómo decidas ver las cosas, pueden ser más positivas o menos. Todo tiene dos caras, su lado bueno y su lado menos bueno, depende de cómo lo mires TÚ. Lo principal es que seas sincero contigo mismo, que recorras tu camino y que elijas tu propia verdad. Si no sabes qué hacer con tu vida y te sientes perdido, quizá sea momento de que pares tu mundo y comiences a escucharte a ti. Las respuestas no van a venirte de golpe. Primero te vendrán todas las voces, consejos y opiniones externas que has ido escuchando. Pero si te dedicas tiempo y comienzas a observar(te), las respuestas créeme que llegarán.

¡Feliz día!