fbpx

Un día cualquiera te levantas por la mañana y te sientes mal. No mal físicamente. Mal emocionalmente. No sabes qué te pasa pero ese día eres consciente de que quererte a ti misma va a suponer todo un desafío. Quererte a ti misma…como si fuera tan sencillo. Buscas desesperadamente la manera de sentirte bien. Haces lo posible porque esa emoción se esfume tan rápido como vino. Y por si no fuera poco, a ese sentimiento de frustración por no saber qué te pasa, se le une otro: la impotencia de no ser capaz de entenderte y de no conseguir sentirte bien. Ojala fuera tan sencillo quererte a ti misma.

El calor ha llegado hace poco y, con él, los complejos y las inseguridades salen con toda su fuerza. Si tienes un fuerte crítico interior sabrás de lo que hablo. Inconscientemente empiezas a compararte con los demás, a verte defectos donde no los hay o a sentirte tremendamente mal contigo misma. No importa lo que hagas, nunca serás suficiente. Y es así como funciona tu mente. Y cuanto más intentas ignorar a ese juez mental y quererte a ti misma, más difícil resulta y más fuerte se hace. Es lo que se conoce como la ley del efecto inverso o del efecto contrario. Es decir, que cuanto más te esfuerzas en conseguir algo, más te alejas de ello. ¿Por qué? Porque el propio hecho de perseguir algo (por ejemplo, tener más confianza en una misma), más refuerza el sentimiento de que carecemos de ello.

¿La solución?

Aceptar esa voz interna que te dice que quererte a ti misma es más difícil de lo que piensas. Aceptar esa voz como una parte tuya (aunque no te guste) y escucharla, ya que cuando la ignoras lo único que haces es luchar contigo misma, y darle fuerza. Prestale atención, simplemente observa. ¿Qué te dice? Esa voz, vuelvo a repetirte, viene de tu mente, de tus pensamientos. Pero tú no eres tus pensamientos. Éstos son como nubarrones que pasan por tu cabeza con mensajes que, lo más probable, no sean tuyos.

¿De dónde vienen entonces estos pensamientos tan negativos?

Tú no naces con un crítico interno, éste se construye a lo largo de tu vida. Tus pensamientos pueden venir de muchos lugares, pero hay 3 que son clave:

  1. Modelos de referencia de la infancia: padres, profesores, amigos, familia.
  2. De alguna experiencia pasada que te impactó profundamente.
  3. La presión y los estereotipos sociales.

No se trata tanto de saber de dónde vienen estos pensamientos sino de elegir conscientemente qué vas a hacer con ellos.

Victimismo vs responsabilidad

Puede que de pequeña te enseñaran erróneamente que quererte a ti misma estaba mal. O que no importa lo que hagas, nunca serás como tu hermana mayor o como quien sea que te venga a la cabeza. Es importante de que te des cuenta de esto porque, una vez traes consciencia, descubres que puedes elegir:

  1. Victimismo: culpar a las personas o circunstancias que te enseñaron aquello que hoy te hace tanto daño. Si proyectamos nuestros problemas en el exterior, no podremos hacer nada para cambiar nuestro presente.
  2. Responsabilidad: responsabilizarte de tus elecciones y de cambiar tu vida. Puedes seguir anclada en tu historia personal y en lo mal que la vida te ha tratado, o hacerte consciente de tu forma de pensar y de los mensajes tan negativos que te dices para cambiarlos y empezar a comportarte de otra manera.

Incorporando cambios y no haciendo lo mismo que hasta ahora, podrás transformar tu manera de pensar y la percepción que tienes de ti misma. Solo entonces quererte a ti misma será más que suficiente.

 

Recibe mi vídeo-curso GRATIS

16 Días para Aprender a Amarte y Aceptar tu Cuerpo

Curso online gratuito de 2 semanas en las que te enseñaré las técnicas y herramientas que me han ayudado a sanar la relación de amor-odio conmigo misma y con mi cuerpo.


envelope
envelope