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¿Recuerdas las veces en que te has sentido decepcionado por el comportamiento de otra persona? ¿Cuántas veces esperabas que alguien se comportase de una manera para, después de un tiempo, darte cuenta de que eso que esperabas no se ha cumplido? ¿Cuántas veces has culpado a los demás por hacerte sentir de una determinada manera? Igual lo que voy a decirte en este artículo rompa un poco tus esquemas. Por lo que antes de continuar, te pido que saques tus propias conclusiones, que utilices tu propio criterio, que experimentes lo que vas a leer, y que no des nada por sentado. Esto que voy a compartir contigo está basado en mi propia experiencia. Y al igual que somos millones de personas en el mundo, existen millones de interpretaciones, opiniones y formas de ver las cosas. Se trata de que conectes con tu verdad, y que abras tu mente a otras posibilidades.

Así que, volviendo a las primeras líneas y siendo completamente honesto contigo mismo, ¿en qué medida haces responsables a los otros de lo que te pasa? ¿Cómo te relacionas con tu pareja, tus amigos, tus padres, tus hijos y con la gente que está a tu alrededor? Los demás no te tratan mal, no te hacen daño, no te faltan al respeto. Esta es una actitud completamente egoica: «mi pareja no se preocupa por mí, mi madre no me quiere, mi jefe me tiene manía».

Si te das cuenta, todo se centra en el mi mi mi yo yo yo. Eres tú quien se trata mal a través del otro, quien se rechaza, quien se falta al respeto. Esto no son más que proyecciones de la relación que tú tienes contigo mismo. Vemos fuera lo que tenemos dentro. Si yo estoy constantemente buscando aprobación y validación en el otro, cuando no la reciba, ¿cómo me voy a sentir? Mal. Esperamos que los demás se hagan cargo de nosotros, cuando no es trabajo suyo, sino nuestro.

Está claro que a veces el comportamiento de otros puede hacernos daño, esto es humano. No se trata de reprimir las emociones o sentimientos que podamos sentir en estos momentos, se trata de hacernos responsables de ellas para que, utilizando nuestra razón, sepamos cuando hemos de poner límites o alejarnos de personas o situaciones que no nos son beneficiosas.

Creemos erróneamente que las personas de nuestro entorno tienen que cuidarnos, escucharnos, comprendernos, validarnos, hacernos caso cuando a nuestro ego le de la gana, tratarnos de una manera y no de otra. Pero, ¿en qué medida tú te escuchas a ti mismo? ¿En qué medida tú te validas? ¿En qué medida te haces responsable de tus emociones? Es muy fácil echar balones fuera. Es más fácil culpar al otro antes que reconocer todo el daño que nos hacemos. No nos han enseñado a querernos. Pedimos y exigimos al otro, en base a una serie de expectativas auto-impuestas sobre cómo deben ser las cosas, y cuando esto no sucede, nos venimos abajo. Y nos venimos abajo porque esto toca una de nuestras heridas más profundas: la falta de amor hacia uno mismo.

Tenemos tanta falta de amor (propio) que nos aterra mirar en las profundidades de nuestra alma. Pero es la única manera de vivir una vida plena. Es la única manera para conocernos, para saber por qué atraemos cierto tipo de relaciones, de personas y de situaciones a nuestras vidas. Cuando algo se nos repite una y otra vez, no es producto de la mala suerte. No es culpa del otro. Dejemos de culpar y hablemos de responsabilidad. ¿Qué está pasando en tu mundo interior para que atraigas siempre este tipo de circunstancias o de personas? ¿Cuáles son tus creencias respecto a las relaciones sociales y de pareja? Una vez empieces a hacer consciente lo inconsciente, y traigas luz a la oscuridad, podrás darte cuenta de aquellos pensamientos, creencias y comportamientos que te están limitando.

Solo así aprenderás que el otro no puede hacerte daño sin tu permiso. La persona que tienes frente a ti es un espejo. La vida te pone personajes en forma de amigos, compañeros de trabajo, familiares, para que puedas ver cómo te relaciones tú contigo. Si alguien te rechaza una y otra vez, y tú sigues ahí, no es culpa del otro. El otro tendrá sus propios demonios internos por los cuales hace lo que hace. Pero, nadie te está obligando a estar en esa situación. A través del otro te estás rechazando tú. Estás anteponiendo las necesidades de otra persona antes que las propias tuyas. ¿Ves por dónde voy?

Nadie puede hacerte daño sin tu permiso

Así que recuerda, la próxima vez que sientas que alguien te decepciona, analiza la situación. Se consciente de que un cierto grado de decepción es normal (según qué situaciones) y, sobre todo, date cuenta de que las expectativas que te generas en cuanto al otro son solo eso, expectativas creadas por tu mente en base a una serie de necesidades, apegos y carencias afectivas no resueltas. No lo veas como que hay algo que está mal en ti, como me pasaba a mí. Míralo como lo que es. Una oportunidad maravillosa para trabajarte a ti mismo. Para conocerte más y empezar a ser consciente de tu mundo interno. En definitiva, para tener criterio propio y tomar tus propias decisiones.