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Si esperas tener el control sobre todas y cada una de las cosas que te pasen en la vida, estás perdido. El control no existe, es irreal. El control es una manera de la mente egoica de hacernos creer que tenemos un poder que no es real. Puede que lanzarse al vacío nos aterre, pero a veces es la mejor opción. Es normal sentir miedo cuando algo nuevo aparece en nuestra vida. Puede ser una relación, un trabajo, cualquier cambio. Cuando esto sucede, normalmente tenemos dos opciones:

  • Abrirnos a la experiencia y sumergirnos en ella.
  • Cerrarnos a ella con ese afán de controlar todo lo que pueda pasar.

¿Para qué controlamos?

Para huir del dolor o para acercarnos al placer. Piensa en la última vez que te enamoraste. Si eres como yo, puede que te suene lo que voy a decir. Recuerdo mi primer amor, fue intenso, mágico, lleno de ilusión. Podía más la curiosidad, la alegría y los sentimientos que mis emociones me producían, que el miedo en sí. Pero, ¿qué miedo? El miedo a que pudiera salir mal. Cuando la relación terminó, fue una de las primeras experiencias más dolorosas. A medida que pasa el tiempo, vamos conociendo gente nueva (o trabajando en diferentes lugares, o lo que sea que quieras meter aquí), nos hacemos ilusiones, expectativas y, si a la larga las cosas no salen como queríamos en un principio, terminamos sufriendo. Ahora déjame decirte, el sufrimiento es parte de la vida.

Construimos falsas paredes de protección

Después de haber vivido varias experiencias dolorosas, construimos falsas paredes de protección. Cada vez que aparece una persona nueva, esas paredes o muros aparecen. Intentamos controlar la situación, lo que sentimos, para evitar que nos vuelvan a romper el corazón. Pero si eres como yo, te darás cuenta de que las emociones no se pueden ocultar.

Durante mucho tiempo preferí no experimentar ciertas emociones. Pensaba que era más fácil no vivir ninguna experiencia que pudiera hacerme daño a la larga. No me implicaba de lleno en ninguna relación. Y si lo hacía, era de forma superficial. Hasta que me di cuenta de algo. Duele más el no sentir que el abrirte de lleno a la experiencia. Piénsalo por un momento. Puedes no arriesgar, cerrarte a cualquier sentimiento o emoción que se escape de tu control. Pero, ¿te has parado a pensar en todo lo que estás perdiendo? Además, ¿quién te dice que las cosas vayan a ir mal? ¿Por qué no pueden salir bien?

Está bien ir con la cabeza fría en determinadas situaciones. Es más, no soy partidaria de meterme a loco en una experiencia nueva sin antes protegerme a mí misma. Por ejemplo, en el caso de una relación de pareja, no se trata de negarte a sentir o abrirte a sentirlo todo al máximo sin pensar. Creo, y digo creo porque esto no es más que un punto de vista entre miles, que es necesario abrirse a las experiencias con cabeza, que no con control. Es hermoso sentir cosas que nos atemorizan cuando conocemos a alguien, cuando nos embaucamos en algo desconocido. Eso es positivo, sobre todo si es algo que no has sentido antes. Es un claro indicador de que estás saliendo de tu zona de confort, y es allí donde los cambios se producen.

La vida está para vivirla

Suena a tópico pero es así. La vida está para vivirla. Arriésgate y vive lo que te toque vivir, ábrete a ello. Y si te da miedo, con más razón. Es importante que no te pierdas a ti en el camino, piensa que todas las experiencias son cosas externas a ti. Disfrútalas sin olvidarte de lo más importante: . Así, si el día de mañana esa historia acaba, por lo que sea, habrás aprendido, crecido y te habrás conocido un poquito más. Está bien querer protegerse, pero pretender tener el control de todo para evitar sufrir, solo te priva de seguir creciendo y disfrutando de la vida.