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Somos muchos los que hemos estado años y años bajo las manos de los demás. Cual marionetas en una obra de teatro. Vamos a ver, ¿quién es nadie para decir cómo tenemos que vivir nuestra vida? Si te quieres casar, genial, hazlo, pero no porque te lo imponga nadie. Que quieres quedarte soltero toda tu vida y recorrer el mundo en una moto, hazlo.

Que quieres comer lo que quieras aunque eso te lleve a alejarte cada vez más del modelo de belleza establecido, adelante. Es muy importante hacernos cargo de nuestras propias vidas y, sobre todo, entender que lo que es blanco para unos, para otros será negro, azul o amarillo. Cada vez me llaman más la atención determinados programas de televisión (de los cuales no voy a decir nombres) en los que salen jóvenes cuyo único objetivo es emborracharse, pelearse y saltar de cama en cama. O qué decir de aquellos en los que te proponen un cambio de imagen. Ya sabes, si llevas algo que no salga en las revistas de moda/belleza (revistas pro odio hacia uno mismo desde mi punto de vista) eres raro, excéntrico y motivo de burlas y vergüenza.

Esta sociedad está mal, muy mal. ¿Acaso llevar algo que a ti te gusta y con lo que tú te sientes bien es un pecado mortal? Pues parece ser que si. Si os fijáis en todas estas revistas y programas, os daréis cuenta de que después de leerlas (a no ser que tengáis una buena autoestima y un concepto sano de vosotros mismos) os sentís mal, como si tuvierais no una tara, sino cientos de ellas. Así que cumpliendo a rajatabla los deberías y tienes que, he aquí los más comunes:

Deberías perder peso, tienes que complacer al otro ante todas las cosas (esto se camufla bajo el nombre de «educación»), deberías hacer algo con tu vida, deberías acudir a esa fiesta (ya sabes, por eso de que no te pongan la etiqueta de amargado o antisocial), tienes que dejar de vivir en las nubes, tienes que asentarte, buscar una pareja, casarte y formar una familia…

Con esto en mente, déjame compartir contigo algunos datos curiosos, algunos de ellos sacados de diferentes estudios e investigaciones realizados por Oskar T. Brand:

  • Las chicas de las revistas están retocadas. NO son reales. ¿Cómo puede nadie conseguir parecerse a ellas si son productos del maquillaje y el retoque fotográfico?
  • A las personas detrás de todo este mundo de parafernalias les interesas que te sientas mal. ¿Por qué? ¡Porque así venderán más! Cremas anticelulíticas, infusiones o alimentos que te prometen adelgazar en 30 días si los tomas, cremas anti-arrugas (esta muy mal visto envejecer, ya sabéis, es antinatural hacerse mayor, es una especie de castigo divino) están a la orden del día. ¿Por qué? Muy simple, porque ellos ganan, tú pierdes.
  • Las tallas de ropa son subjetivas. Hace años participé en un experimento contra la anorexia y la bulimia (si encuentro el vídeo prometo subirlo) en el cual tuve que ir a varias tiendas de ropa a probarme pantalones de mi talla (38). ¿Sabéis qué pasó? Que en algunos sitios la talla 38 me quedaba grande mientras que en otras ¡no me valía!
  • Más de la mitad del contenido de las revistas de belleza están plagadas de publicidad. ¿No te lo crees? Haz la prueba, revistas como Elle o Cosmopolitan son catálogos de publicidad más que otra cosa.
  • El objetivo de estas revistas es hacerte sentir mal. Recuerda, tú eres fe@, tu cuerpo está mal hecho, la celulitis, arrugas y estrías que tú tienes van contra natura. En definitiva, das pena y la única solución es gastarte cantidades monumentales de dinero para arreglarte, pero no te olvides…nunca lo conseguirás, así que sigue sufriendo y sintiéndote miserable.
  • El 70% de las mujeres se sienten deprimidas, tristes o mal consigo mismas después de 3 minutos de leer este tipo de revistas.

Así que déjame que te diga algo. Vive tu vida como a ti te de la real gana, acepta tu cuerpo tal y como es (no hay mayor liberación, y te lo dice una ex-adicta a las dietas y a la «perfección»), crea tus propios estándares de belleza, no te creas todo lo que te cuenten y construye tu propia verdad en base a tus valores, creencias y principios. No dejes que nadie, y repito, nadie, te diga cómo vestir, cuánto pesar, cómo comportarte, qué estudiar, a dónde viajar, en definitiva, cómo vivir tu vida. Siempre que haya respeto y tolerancia (hacia los demás y hacia ti), haz lo que te de la real gana. Tu vida, tus reglas.